Diccionario de la Ciencia y de la Técnica del Renacimiento

Santiago, Diego de, Arte separatoria, Sevilla, Francisco Pérez (por Rodrigo Cabrera), 1598


Datos biográficos
(n. en San Martín de Trevejo, Cáceres; fl. último cuarto del siglo XVI).

as únicas noticias acerca de la vida y obra de Diego de Santiago son prácticamente las que el autor deja traslucir en su Arte Separatoria. Nacido a mediados del siglo XVI, dedicó su vida por entero al trabajo en su pueblo natal, en Zamora, en El Escorial y en Sevilla, donde residía cuando publicó su libro. Una mención especial merece su paso por la botica de El Escorial, centro de particular importancia científica, que tenía anejo un laboratorio de destilación construido por indicación de Felipe II, al que concurrieron destacados científicos que lo convirtieron en un centro de gran prestigio para la formación de destiladores y boticarios. En Le Passetemps de Jean Lhermite se describe esta botica, facilitando una relación de los productos que allí se preparaban e incluyendo dibujos de los aparatos instalados, uno de los cuales es sin duda el inventado y descrito por Diego de Santiago en su obra, aun cuando no coincide con el atribuido a éste por Sergio Caballero Villaldea, como ha quedado demostrado por Eugenio Portela. El cargo de «destilador de Su Magestad», que Santiago se atribuye en la portada de su libro, fue uno de los puestos de carácter científico y técnico que tuvieron cabida en la casa real de Felipe II, como explica López Piñero.

El único libro publicado por Santiago fue la ya citada Arte Separatoria. Un manuscrito que recoge Roldán relativo al vino, contiene materias tratadas con más amplitud en el Arte. Consta esta obra de dos libros con numeración de capítulos y páginas independiente, cada uno con su propio índice y con tipografía distinta. El primer libro contiene 62 capítulos, aun cuando el último numerado sea el 61 debido a que el número 28 fue asignado por error a dos capítulos consecutivos; son 35 los capítulos del libro segundo. El análisis del contenido sugiere que los dos libros fueron escritos de forma independiente. Es probable que en la intención inicial del autor figurara escribir únicamente el libro primero, y que más tarde, motivado por preocupaciones de carácter más básico, se decidiera a escribir el segundo libro. Si la obra respondiera a un plan único, parece que la lógica interna del autor se hubiera reflejado en una ordenación distinta de los capítulos y en una disminución del número de reiteraciones. Finalmente, en el último capítulo del primer libro el autor pide disculpas por no haber pulido más la obra, debido a las muchas prisas, hecho sin sentido cuando a continuación sigue todo el segundo libro.

Para una comprensión correcta de la obra es conveniente centrar el contenido del término «destilación» en el contexto del siglo XVI. En efecto, dicho término se utilizó en la época considerada en un sentido mucho más amplio que el actual, y el hecho de que los autores consideraran una determinada operación o proceso como «destilación» y que utilizaran para realizarla la misma instalación que para una destilación en sentido estricto, no autoriza a seguir aplicando hoy el mismo término so pena de incurrir en graves errores. En nuestra opinión, los historiadores vienen tratando como «destilación» aquella materia que los científicos y técnicos pretéritos denominaron como tal, sin hacer distinción entre las auténticas destilaciones y aquellas otras operaciones en que, por producirse reacciones químicas, merecen un tratamiento independiente. Debe entenderse a Diego de Santiago dentro de este concepto amplio de destilación, aunque fundamentalmente estuviera interesado en la preparación de productos «puros» con fines médicos, dentro de una línea paracelsista.

Es notable en la obra la casi total ausencia de citas y la insistente lucha contra los argumentos de autoridad, en defensa de la experimentación sobre la naturaleza como única fuente válida del conocimiento científico. Afirma repetidamente Santiago que «cuando la cosa se ve, no tenemos necesidad de autoridades ni de alegaciones», o bien que «el que hubiere de saber cualquier cosa, más cierta y verdadera la hallará en la naturaleza, y por menos rodeos, que no en las autoridades y pareceres. Porque muchas deben estar escritas discurriendo con el entendimiento... Y de las autoridades que están hoy escritas, las que son ciertas han de haber sido sacadas de la naturaleza, pues ella es el original verdadero y así se debe entender, pues hoy la tenemos como ellos la tuvieron cuando della escribieron». Las únicas citas de la obra, agrupadas, son a Arnau de Vilanova, Ramón Llull, Paracelso y Johann Jacob Wecker, este último como representante típico de la fase empírica correspondiente a la literatura «de secretis». Dentro de este mismo contexto se inserta su defensa del castellano como idioma científico; dice, por ejemplo, que no obrará mejor una medicina por haberla estudiado en latín, ya que «el latín no añade la virtud a lo que se aplica, ni el romance se la quita».

Dentro de estas posturas básicas, Diego de Santiago justifica el arte separatoria y explica sus aplicaciones, sobre todo para la preparación de medicamentos. Aportación suya de primera importancia es el diseño y construcción de un aparato para la destilación en corriente de vapor, que sorprende por lo novedoso y moderno de su concepción; la descripción minuciosa y precisa, permite la reconstrucción gráfica a quien conozca los modelos-tipo de destiladores en la época, pero la carencia de figuras en la obra ha desorientado a algún historiador. La preocupación por fuentes de calor que faciliten temperaturas crecientes para la destilación es constante en la obra y compartida por otros muchos autores. Santiago dedica también cierta atención a otras operaciones químicas, a técnicas analíticas, a los metales preciosos y a aspectos concretos de la tecnología de alimentos.

En resumen, puede afirmarse que Diego de Santiago es un autor francamente moderno, figura clave en la confluencia del paracelsismo y la alquimia, como muestra repetidamente a lo largo de su obra. Con respecto a ésta, hasta el momento prácticamente desconocida, estimamos que el Arte Separatoria es el libro español más destacado en materia química en el siglo XVI y que así será considerado por los especialistas si alcanza la difusión que merece. (En J. M.ª López Piñero et alii, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Ediciones 62, 1983, s. v. Santiago, Diego de).

Ejemplares y otras ediciones

Sevilla, Francisco Pérez (por Rodrigo Cabrera), 1598: Barcelona, Biblioteca Universitaria, CM-2812; Madrid, Biblioteca Nacional, R/7553; Madrid, Real Academia Española, 30-C-51; Salamanca, Biblioteca Universitaria, 35893.

Ediciones modernas

Diego de Santiago, Arte separatoria y modo de apartar los licores..., Alicante, Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 1994 (edición facsímil de la de Sevilla, Francisco Pérez, 1598).


Repositorio Gredos: http://gredos.usal.es/jspui/handle/10366/83267
URI : http://hdl.handle.net/10366/83267
Manuscrito Consultable de Santiago, Diego en la Biblioteca General de la Universidad de Salamanca


CILUS: Fichero Transcrito de Santiago, Diego